Psicología·11 de May, 2026

Historia de una herida

Diálogo con la herida


Miraba atrás

Miraba atrás, miraba a todos lados,
no sabía por dónde ni hacia dónde iba,
pero caminaba.

Miraba desde el miedo,
desde la duda,
miraba desde mi herida.

Esa herida que me acompañaba desde lejos,
quién sabe desde cuándo.

Por momentos ésta supuraba y yo paraba a lavarla.
Esa herida siempre abierta, siempre doliendo.

Hubo intuiciones, hubo un deseo carnal de seguir,
rara vez hubo certezas.

Caminando casi como a ciegas,
me arrastré, me caí, me volví a levantar;
seguí.

Un día, en una de tantas de parar y atender la herida,
ésta me habló.

Aproveché para decirle que estaba cansada,
que no veía nada, que estaba sola y tenía miedo.

Ella me miró y enseguida me refutó que, sin embargo, ahí estaba yo,
atendiéndola, día tras día, y caminando.

Después me mostró suavemente las formas en que yo misma me seguía lastimando,
me fue develando las partes que yo misma había rechazado de mí
para adaptarme al mundo.

Me dio la posibilidad de mirarlas y de abrazarlas.

Seguí escuchando atentamente,
y todo se empezó a transformar,
la herida empezó a cicatrizar.

Me fui sintiendo renovada, y todo afuera parecía nuevo también.
Podía ver mejor.

Una tranquilidad desconocida llegó, me sentí segura,
el camino me inspiró confianza, así que continué.

Mientras caminaba y descubría, seguí recibiendo regalos,
experiencias nuevas vinieron,
personas.

De repente supe cómo abrirme.

La herida me dijo:

“Quizás nunca cierre del todo,
pero acá estoy,
ayudándote a abrir el corazón.”


Lic. Mara Manzur*
Psicóloga · Psicoterapeuta Gestáltica
Instructora de Tai Chi · Chi Kung

#heridas#procesos#camino#sanar

¿Te gustaría conocer nuestros servicios?

Reservá una sesión o clase y comenzá tu proceso.

Reservar turno

Comentarios